Partipasión, como elección racional

Cada vez me entero de más amistades y gentes cercanas que están amenazadas por la Crisis. Familiares que ven su empleo amenazado, amigos que no saben cómo llegar a fin de mes, teniendo que renunciar a unos derechos y un nivel básico de bienestar, echados de sus casas por no poder pagarla, renunciando a pensar en cualquier futuro, hipotecado por un crecimiento despiadado y loco.

Cada vez hay más gente de mi entorno personal que piensa en irse fuera de España. Una hija quiere quedarse en Praga después de sus prácticas. La otra solo piensa en irse de emergencia humanitaria en cuanto pueda (y ya lo ha conseguido, mañana se va a Sud Sudán). Los sobrinos de un amigo se van a Bélgica, los ecuatorianos de mi pueblo hace tiempo que emprendieron la marcha, y mi amigo Samad me habla de planes de futuro para su empresa pensando ya más en Marruecos que en España, de donde ahora es ciudadano.

La sensación es de “salvase el que pueda”, empezando por los de arriba que ya no se molestan ni en disimular. El Rey se va de caza, el gobierno

La Revolución Neoliberal que está produciendo todo este sufrimiento, se basa en el pensamiento único de que la solidaridad no era racional. Un compañero del IESA tradujo la paradoja rawlsiana del free rider como del gorrón. De acuerdo a la Elección Racional, en que se basa el pensamiento neconservador, La lógica de la acción colectiva, en esta sociedad de gorrones, cuestiona los bienes públicos (como la salud, la seguridad, el bienestar y la dignidad) porque todos nos beneficiamos de ellos aunque no hagamos nada para conseguirlos. ¡Menuda proyección! Piensa el ladrón que todos son de su condición.

Entonces se me ocurrió la paradoja del gordo como argumento alternativo: el pensamiento de “¿Y si (no me) toca?”, que hace jugar a todo el país a la lotería, otro de los pedazos del alma que nos quieren expropiar.

La mayoría de los bienes que tenemos la gente buena de este país son colectivos y necesariamente públicos. Las escuelas donde estudian nuestros hijos, los centros de salud donde vamos cuando estamos enfermos, el agua que sale de los grifos, la limpieza y recogida de basura, la vida comunitaria segura y amable que tanto nos gusta, para la bulla, la verbena, la buena vida, que tantas divisas nos da.

Ahora que con la excusa de la prima de riesgo alemana, nos quieren convertir a todos en chinos, conviene recordar que, para quienes estamos en el sur, la solidaridad es una elección racional. Hay que mantenerse solidarios y generosos, preguntarse por quienes lo están pasando mal, manifestarles nuestra amistad. No solo por altruismo, es que nos puede tocar. Así que mejor nos quitamos la caca del coco y volvamos todos tomar la plaza. El #12M15M podemos manifestar de forma amistosa nuestra solidaridad y nuestro rechazo más firme a este intento de imponer un mundo despiadado e injusta. Hoy más que nunca PARTICIPASIÓN.

Simien Mountain

Dos días de “Safari” por las Simien Mountain, un parque natural a 3200 metros de altitud en el que se encuentran monos babuns, antílopes y toda clase de pájaros. Pero lo espectacular son las vistas desde el acantilado que se recorre durante horas mirando a un mar de tierra interminable. Lástima que el viento que ha estado soplando estos últimos días creara una nube de polvo que impedía ver todo el panorama con claridad.
Hemos subido en jeep desde Gonder por carreteras y pistas de tierra que obligaban a cerrar las ventanillas cada vez que nos cruzábamos con otro vehículo. Al parque solo se puede entrar acompañado de un guarda armado con un kalashnikov, un guía y, además, el conductor y un cocinero que nos ha preparado una sopa de vegetales que sabía a gloria después de horas de caminata.
El guarda era un maestro de andar. Su forma de acompañarnos como una sombra, callado, como si solo pensara en cada paso, era toda una lección de cómo moverse por un terreno que obliga a subir y bajar a una altura donde la falta de oxígeno se empieza a notar. Gracias a su compañía hemos podido completar dos recorridos en un par de días a los que en principio yo tenía más miedo que a la escalada de Debre Damos. Dormir a más de tres mil metros es un reto para quienes estamos acostumbrados a hacerlo a nivel del mar y no tenemos el corazón para más presiones.
Por la tarde hemos vuelto a Gonder para salir mañana hacia Bahir Dar donde visitaremos las cataratas del Nilo Azul y el Lago Tana. Aquí es la época seca, los ríos llevan poco agua y las nubes son de polvo, así que estoy impaciente por ver lo que los etíopes llaman un mar.
Hoy estuvimos entre monos, podremos ver hipopòtamos mañana? Esto empieza a parecerse a un documental de la dos, será por eso que ya echo de menos el sofá de casa?

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Epifanía

    (Hace un par de años, un amigo de los que uno sabe cercanos aunque casi ni conozca, comentó la feliz coincidencia de cumplir años en Reyes. Ahora que es él quien cumple los cincuenta, he rescatado de mi diario el texto que escribí entonces.)
    Para José F. Gras

Nacer el día de los Reyes tiene su miga. Te convierte en alguien especial, aunque no lo seas. Todo el mundo parece celebrarlo pero, en realidad, no es porque tu hayas nacido. De hecho, terminas por darte cuenta de que la coincidencia te impide celebrarlo y que en la confusión pierdes un regalo.

Creerte alguien especial te hace sentir solitario, sobre todo si naces en las costas aborígenes de mi infancia, donde cualquier aparente privilegio producía envidia y culpa. Te sientes identificado con el Niño Dios al que todos traen regalos. Ese niño en realidad desnudo, dejado en el pesebre, al solo calor de un pobre buey preocupado por “aspirar un ángel”, como en el precioso artículo “El buey y los ángeles” que hace unas navidades publicó en El País Gustavo Martín Garzo y al que pertenecen todas estas citas:

También Jules Supervielle, el poeta uruguayo francés, escribió un relato sobre los animales del portal. Se titula El buey y el asno del pesebre, y es una delicada muestra de amor a esas criaturas inocentes cuyas figuras de barro tantas veces pusimos en nuestra infancia junto a la cuna del Niño. Supervielle nos cuenta esa historia desde los ojos de un narrador imprevisto: el buey que vive en el portal. Es un relato de un extraño lirismo, pues lo que nos conmueve del buey es esa capacidad para relacionarse con lo no revelado todavía, con ese ámbito de lo invisible que constituye la esencia de la poesía. El buey de Supervielle asiste asombrado a lo que tiene lugar a su alrededor. Ve al Niño que acaba de nacer y se pone a calentarle con su aliento. Todo se vuelve maravillosamente difícil para él. Los ángeles no paran de ir y venir, y acude gente humilde cargada de regalos. Cuando sale al campo se da cuenta de que hasta las piedras y las flores saben lo que ha pasado, y están nimbadas de luz. Y el pobre se pasa las noches en vela, arrodillado junto al niño, viendo aquel mudo celeste que penetra en el establo sin ensuciarse. Esa dicha le conduce al agotamiento más extremo y cuando por fin María, José y el Niño se alejan con el asno, en busca de un lugar más seguro, no puede seguirles, y se queda solitario en el establo, donde muere, sin llegar a entender nada de lo que le ha pasado. José Ángel Valente, al comentar este relato, y lamentándose de que tantos hombres hayan llegado a perder el sentimiento de lo poético, escribe: “Ignoran tanto hasta qué punto los rodea lo invisible, que ni siquiera tienen la prudencia de aquel buey de un delicioso cuento de Jules Supervielle, que en el colmo del júbilo ‘temía aspirar un ángel’, tan denso está el aire de espirituales criaturas”(…).

Quien en realidad termina tragándose la Epifanía es ese niño cuya imaginación no termina de acostumbrarse a la realidad. Confundido desde el día en que vino al mundo, se pasa la vida siendo un iluso. Alguien que no puede vivir sin ilusiones, con las que la realidad se confunde y entremezcla. Ser un niño imaginativo y solitario, mimado, envidiado, extrañado, es uno de esos regalos que te marcan para toda la vida, como que te pongan un nombre largo y raro.

Te hace creer que el mundo, la vida y sus cosas, están a la altura de tus ilusiones. Te llevan a perseguir a la gente para jugar con ellas como si fueran figuritas de belén. Terminas siendo un embaucador embaucado, que es el primero en creerse sus propias ilusiones, la principal víctima de sus trampas. Un incauto siempre dispuesto a perder para que alguien gane y sigamos jugandon. Alguien con una curiosidad y una gula insaciable, dispuesto aparentemente a comerse el mundo.

Hasta que un día, afortunadamente, se le pincha el globo. Se le empacha la imaginación de tanto dulce. Se le cansa el corazón de tanto correr del miedo y para ponerse delante de los demás. Tropieza, tiene un accidente y parece que ya no podrá levantarse más.

(…)Es la misma atmósfera de los frescos que el Giotto pintó en la capilla de los Scrovegni, en Padua. En uno de ellos, María permanece en el lecho y tiende sus manos para tomar agotada a su hijo, y a su lado están el buey y la mula mirándoles. Muy cerca, junto a un san José, misteriosamente ausente, adormecido, hay un rebaño de ovejas y dos pastores, que miran hacia el cielo, donde varios ángeles revolotean sobre el techado de madera como si hubiera tomado alguna sustancia psicotrópica. Todo está detenido y, a la vez, ardiendo, lleno de luz, como si hombres, animales y ángeles fueran presas del mismo hechizo. Una de las cosas que más me conmueve de esta historia, la más hermosa del universo cristiano, es este extraño protagonismo de los animales: que las pobres bestias estén al lado de los hombres y los ángeles participando en un plano de igualdad de la misma revelación.

Y entonces pasa el milagro de verdad. Aprendes que lo verdaderamente heroico no es parecerse a los dioses, sino mantenerse mínimamente humano; que el dolor y la muerte es lo que nos hace más únicos y divinos; que el alma es lo que nos liga a la vida y a los demás; que lo que nos lleva por la vida no es el destino, sino el sentido que le queramos dar; y que lo único que necesitamos para esa eternidad del instante final en el que nos preguntaremos si ya estamos muertos, es nuestra capacidad para estar con nosotros mismos y habernos sentido parte de todo los demás.

La epifanía se encarna y tú ya no eres más que un niño de verdad. Las figuras del Belen se vuelven humanas: la madre da calor, los pastorcitos se vuelven amigos de toda la vida y los Reyes Magos de Oriente te regalan Oro, Incienso y (como yo siempre creí en mi infancia murciana) Migas. Oro, como símbolo de riqueza; Incienso para los sentidos y…. ¿Migas? Para las Migas necesitas hacer un periplo a tus orígenes. Recuperar los pasos perdidos y hacerte cargo del camino que te ha traído hasta aquí. Darte cuenta de todo el cariño del que te has rodeado para cuando ya los padres no puedan ser tus Reyes Magos.

Coleridge pensaba que la verdadera poesía debía transmutar lo familiar en extraño y lo extraño en familiar, y es justo a eso a lo que asistimos aquí. James Joyce llamó epifanías a estos instantes de comunicación profunda con las cosas, y es esa capacidad para transformar el detalle trivial en símbolo prodigioso la que transforma esta ingenua y antigua historia en verdadera poesía. Eso es una epifanía, una pequeña explosión de realidad que hace del mundo el lugar de la restitución. Miles de niños nacen en el mundo a cada instante y no todos tienen, por desgracia, la misma suerte; pero basta con que sean recibidos con amor para que algún buey aturdido ande cerca y exista el peligro de aspirar alguna criatura invisible al menor descuido.

Una vida y mil cunas.

Cuenta Pilar del Río que José Saramago decía que lo mismo que estamos nueves meses en este mundo sin haber nacido, posiblemente estemos también algún tiempo por aquí una vez muertos. Hace poco murió mi madre, lo hizo con la sencillez y discreción con que siempre hizo todo en la vida. Llevaba dos años enferma y tuvimos el tiempo no solo de despedirnos, sino de vivir la etapa más intensa de nuestras vidas juntos. Cuando al principio de su enfermedad me fui a pasar temporadas con ella, les contaba a los amigos que me estaba terminando de criar. Pero entonces no sabía que la mayor lección que me daría sería, precisamente, la última: cómo morir y hacer de ello un acto con todo su sentido: el sentido de toda una vida. Os dejo el texto que la familia hemos preparado como obituario. /em>

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El pasado 27 de Octubre falleció Ana Méndez España. Anita, como cariñosamente se le conocía, había nacido en 1931 en Los Almagros (Fuente Álamo, Murcia) pero enseguida se trasladó al vecino municipio de Mazarrón de donde era su familia paterna. Fue a la escuela de Dª Manolita y se casó con el Práctico del Puerto Mazarrón, oficial de juzgado, industrial y Cónsul Honorario de Portugal, Antonio Sáez Hernández, quedándose viuda en con solo 36 años.

Con dos hijos a su cargo, monta una red de mujeres dedicadas a la fabricación doméstica de prendas de punto que dio empleo a 50 personas. Poco después, en 1970, se gradúa como una de las primeras mujeres Administradoras de Fincas y se convierte en Gerente de varias urbanizaciones que contribuyen al desarrollo turístico del municipio. Preocupada por el cuidado y bienestar de su pueblo, en la Transición impulsó la primera asociación de vecinos que se creó en el Puerto, de donde salieron algunos de los primeros alcaldes democráticos del municipio.

En 1983 decide dedicarse a la labor social, que desarrolla al amparo de la Iglesia de quien siempre ha sido una devota seguidora, para lo que se traslada a Murcia y colabora con Jesús Abandonado. Allí es llamada para dirigir la recién creada Casa Sacerdotal siendo obispo D. Javier Azagra quien por su confianza personal, experiencia emprendedora y su visión de futuro sobre la atención a los más necesitados, le encarga la creación de la Fundación Jesús Abandonado de cuyo Patronato fue Presidenta durante los primeros cuatro años. En esta etapa promueve la construcción de la actual Residencia Santa Catalina, donde se va a vivir para trabajar con las personas sin hogar, y la instalación de un nuevo comedor en Murcia para transeúntes. En 1993 recibe el reconocimiento “Mano de la Solidaridad” otorgada por la Hermandad de San Juan de Dios, con quienes deja concertada la gestión de los centros.

Voluntaria de la Hospitalidad de Lourdes, a la que dedicó gran parte de sus vacaciones durante más de 20 años, vuelve a Puerto de Mazarrón cuando se jubila donde sigue desarrollando sus actividades: organiza Cáritas Parroquial, es nombrada Mujer Mazarronera 2002, Presidenta Honoraria de la Fundación Iniciativa Social y Presidenta del Centro de Día de Personas Mayores.

Anita falleció a consecuencia de un cáncer de pulmón que le diagnosticaron poco después de que volviera a ser abuela de dos nietos venidos de Etiopía. En los últimos meses de su enfermedad, que llevó con la paciencia y sencillez con que siempre hizo las cosas, estaba preocupada por la hambruna en África y se había puesto a pedir dinero para el proyecto de las Misioneras Combonianas. Este proyecto consiste en dar una cuna con mosquiteras a las madres que acuden a dar a luz al centro de salud. Sus últimas palabras fueron para decir dónde tenía guardado el sobre con el dinero que había recogido para un proyecto que, con tres euros por cuna, sirve para mejorar la atención a la madre mediante condiciones higiénicas mas salubres a la hora del parto y prevenir las picaduras de los mosquitos que transmiten la malaria al bebé, una de las causas de mortalidad infantil más frecuente en la zona.

Conocedores de lo crítica que era con los gastos superfluos de las celebraciones, la familia pidió en el funeral, oficiado en su Parroquia de San José de Puerto Mazarrón por el Vicario D. Antonio León y cuatro sacerdotes amigos, que el dinero que fuera a ser gastado en flores se destinara a las cunas. Ana se fue dejando mil cunas para los niños de África. Mil cunas y una vida.

En este mes largo que ha pasado desde que Ana Méndez nos ha dejado, se están celebrado homenajes y misas en su memoria en la que mucha gente ha querido sumarse a este último gesto de generosidad y esperanza hecho por una mujer discreta y sencilla. Quienes siguiendo su ejemplo quieran hacerlo, pueden mandar su contribución directamente a la cuenta de las Misioneras Combonianas (0075-0167-21-0701061947) poniendo en el concepto Cunas (Etiopia) Ana Méndez España.